Paso por paso para hacer un buen artículo



1-11_al_teclado
CARLOS ALBERTO MONTANER
 El título. Suelo hacer una alusión literaria de fácil rastreo por el lector culto. No escribas para la masa, entre otras cosas porque es inútil. La masa no lee columnas de opinión.

El primer párrafo. Debe ser contundente. La primera oración debe invitar a la lectura. Es una trampa para que el lector insista.

La extensión. Un artículo de opinión es como una especie de telegrama crispado. Hay que decirlo todo en quinientas palabras. Por eso lo ideal es concretarse en desarrollar una idea. Las digresiones sobran. Es preferible hacer afirmaciones tajantes que dedicarse a probarlas con ejemplos y razonamientos. Lo que abunda, daña, pesa, lastra al artículo.

El estilo. El estilo, como el documento de viaje, debe ser personal e intransferible. La prosa correcta sólo sirve para llamar a los taxis. Un señor que escribe artículos de opinión tiene que comenzar por tener una opinión sobre el estilo.

El tono. Debe responder a la personalidad del autor. Elegir un tema serio y tratarlo con desenfado. El lector listo agradece humor y contenido. El lector solemne –que es, evidentemente, tonto– se siente defraudado con la combinación. Pero uno escribe para lectores listos.

La sintaxis. Simple. Muy simple. Oraciones cortas. Un adjetivo, o, a lo sumo, dos. Pero aportando siempre cierta imaginación en el lenguaje. El artículo periodístico es un género literario tan digno como el ensayo o el soneto, pero con mayor cantidad de lectores. Hay que cuidarlo. Tiene su poética, su métrica, sus reglas.

Los temas. «Nada humano me es ajeno», como decía el griego, pero sin caer en lo de «nada ajeno me es lejano» que afirma García Márquez en sus raptos de humor plagiario.

La ética. No mienta nunca. Equivóquese, aun exagere, pero ni mienta ni difame. Tampoco oculte nombres, datos, señas. Es mejor hablar claro y al grano. Cierta agresividad conviene.

El final. Hay que volver al principio. A veces basta una misteriosa referencia al lector cómplice.

Una primera versión de este artículo apareció en “De la literatura considerada como una forma de urticaria” (1980).
http://www.elblogdemontaner.com/

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